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lun 21 may 2012
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Santa Margalida
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sáb 19 may 2012
10:30
Santa Margalida
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EL PROFESOR
Empecé a estudiar taiji en 1990 para que me ayudara a convivir con el síndrome del VIH diagnosticado 4 años antes. En 1995, a pesar de haber interrumpido mi practica durante 6 meses debido a una enfermedad grave, el Taiji ya era una parte intrínseca de mi régimen de salud y para continuar mis estudios me incorporé a una escuela Internacional de Taiji encabezada por el Gran Maestro Dong Zeng Chen. Practicar Taiji me ayudó a sobrevivir y a recuperarme de las muchas infecciones que sufrí durante ese período. Por esta razón, en 1996 convaleciente de la meningitis, empecé a enseñar Taiji a personas que conviven con el sida.
Al mejorarse mi salud, me trasladé del sector voluntario al profesional, enseñando en empresas, gimnasios y también a personas de manera privada. Sólo enseñaba en Londres hasta que fui invitado a impartir un taller en Mallorca en el 2007. Debido a su éxito y a mi afinidad con la gente de allí, mis visitas se hicieron más frecuentes. Mallorca ha llegado a gustarme mucho y en 2010 me fui de Londres y me trasladé a Mallorca para empezar mi propia escuela, una sucursal de la escuela 'Alex Dong International Taijiquan Association' a la cual pertenezco.
El enseñar es una buena herramienta de aprendizaje y una gran responsabilidad, por esto, seguir mejorando mi Taiji se ha convertido en una obligación. Por lo tanto, participo en numerosos talleres organizados por mi Maestro por todo el mundo y practico atentamente para mantener mi estudio del arte siempre activo. Como profesor y practicante intento mantener una mente de principiante esperando que mi enseñanza permanezca simple y clara.
Como parte de mi práctica, trato de aplicar mi entendimiento de los principios del Taiji a mi vida cotidiana. Soy consciente de los muchos cambios que esta provoca en mi y en mi salud. Me gusta la simple sensación de sentirme físicamente equilibrado y alineado sin esfuerzo. El más profundo placer de estar en el momento me ha ayudado a hacer que mi participación en los acontecimientos y las experiencias sea más directa, cuyo resultado es una mayor claridad en mis reacciones. Tampoco vivo el dolor físico con angustia, el observar sin ‘drama’ me ha hecho más tolerante. Esta misma tolerancia la aplico socialmente.
He elegido la inacabable y muy agradable tarea de compartir mi conocimiento con mis alumnos y estoy agradecido a los profesores y estudiantes que me acompañan en este gratificante viaje.














